Giros expresivos para potenciar la Felicidad.

A través del agradecimiento se manifiestan emociones casi indescriptibles.
Las palabras unen más allá de lo que estamos acostumbrados a admitir.

GRACIAS es una palabra que une acciones en todo momento. Implica que como mínimo 2 personas actúan en ello y hasta autoanimarse está permitido.

Con textos a medida podemos lograr que aquello que escribimos se convierta en una realidad emocional en los lectores.
La gracia de todo habita en ser agradecido”.

Te invito a escribir “gracias” unas 10 veces al día, procurando que sea hacia personas que no lo esperan…

El efecto del agradecimiento es muy potente y seguro que recibes, como mínimo, un “de nada”.
La expresión hecha “DE NADA” implica poco esfuerzo, no tiene casi valor y se puede cambiar.

El Lenguaje Positivo nos ayuda a entender que sustituir palabras cambia el rumbo de las acciones que indican.
Demos la vuelta a estas facetas enraizadas y sustituyamos un “de nada” por un “SIEMPRE”.

Al cambiar el vocablo se percibe que estamos enriqueciendo el contenido y las emociones asociadas. Estamos llamando a la abundancia y a la generosidad.
Gracias, siempre.

Jugar con las palabras aporta un mejor y mayor impulso a quienes eligen evolucionar junto a su vocabulario y su forma de expresarlo.
La próxima vez que te den las gracias, haz el ejercicio mental de utilizar esta sencilla pero potente pauta, y verás como el agradecimiento se amplifica.

Socialmente hay muchas frases hechas que merman las capacidades del Lenguaje y este ejemplo ilustra claramente un cambio a mejor. Si hacemos algo “por nada”, LA NADA llega a nosotros y nos envuelve en una coletilla que merma y no aporta.

¿Se te hace rara la nueva expresión?
Todo es cuestión de adquirir el hábito. Te sentirás mucho mejor y VALDRÁ LA ALEGRÍA. Otro caso que puede reemplazar al arcaico “vale la pena”.
Que tengamos un creativo lenguaje expresivo acorde a las metas que queremos depende, en gran parte, de como utilizamos las palabras.

Cuidar de las personas a través de la Palabra requiere de verificación.

El poder “abstracto” de las palabras es ilimitado y se presta a muchas interpretaciones. Esta es una de las dificultades más extremas a la hora de comunicar.

Normalmente no somos efectivos a la hora de transmitir por escrito porque no cotejamos haber sido entendidos de forma plena según nuestra pretensión. Ahorramos en letras, en tiempo de dedicación, sin darnos cuenta de que una mala interpretación es una mayor pérdida de tiempo.

Vivimos inmersos en un mar de pensamientos que se activan y desactivan al son de las palabras, pero no siempre acertamos. Este fallo de comunicación a veces es involuntario y se debe a que la persona que recibe nuestras expresiones se encuentra en un estado de ánimo diferente al nuestro, ya sea más positivo o más negativo, e incluso neutro.

Para llegar lejos hay que ir despacio por tiempo prolongado. Esto mismo sucede a la hora de escribir para comunicarnos. Si vamos a trompicones, asomando un mensaje inconexo tras otro, si no profundizamos en el entendimiento mutuo de los participantes en el mensaje, estaremos más perdidos que al principio porque el acto de comunicar queda viciado.

¿Cómo solventar esta problemática?
La verificación en cada paso, de forma firme, nos hace sentir seguros a la hora de avanzar. Es como asentarse tras valorar que no hay arenas movedizas. Se tantea, se pregunta (algo que a veces no hacemos porque damos por entendido que nos comprenden) y se verifica que la comunicación avanza en la dirección deseada por las partes involucradas.

Existen muchos ejemplos de palabras que van y vienen, dando lugar a conversaciones insípidas por falta de contenidos no añadidos entre emisor y receptor.
– Frases como: “Vale, vale, nos hablamos”. Normalmente posponen hacia otra conversación que nunca llega.

Debemos ser cuidadosos con las personas y aportar palabras con verdadero contenido y entendimiento. Más vale un sí, o un no, a tiempo; que posponer el acto de comunicar hacia la nada.

Hay que saber relacionarse con las palabras al igual que sabemos relacionarnos con las personas. Si no se dedica tiempo a las personas y se les presta atención dedicada y plena, no esperemos recibir eso a cambio. Ante toda distorsión de comunicación se sucede una distorsión en los pensamientos, con el efecto colateral de alejar a las personas en lugar de unirlas.