Cuidar de las personas a través de la Palabra requiere de verificación.

El poder “abstracto” de las palabras es ilimitado y se presta a muchas interpretaciones. Esta es una de las dificultades más extremas a la hora de comunicar.

Normalmente no somos efectivos a la hora de transmitir por escrito porque no cotejamos haber sido entendidos de forma plena según nuestra pretensión. Ahorramos en letras, en tiempo de dedicación, sin darnos cuenta de que una mala interpretación es una mayor pérdida de tiempo.

Vivimos inmersos en un mar de pensamientos que se activan y desactivan al son de las palabras, pero no siempre acertamos. Este fallo de comunicación a veces es involuntario y se debe a que la persona que recibe nuestras expresiones se encuentra en un estado de ánimo diferente al nuestro, ya sea más positivo o más negativo, e incluso neutro.

Para llegar lejos hay que ir despacio por tiempo prolongado. Esto mismo sucede a la hora de escribir para comunicarnos. Si vamos a trompicones, asomando un mensaje inconexo tras otro, si no profundizamos en el entendimiento mutuo de los participantes en el mensaje, estaremos más perdidos que al principio porque el acto de comunicar queda viciado.

¿Cómo solventar esta problemática?
La verificación en cada paso, de forma firme, nos hace sentir seguros a la hora de avanzar. Es como asentarse tras valorar que no hay arenas movedizas. Se tantea, se pregunta (algo que a veces no hacemos porque damos por entendido que nos comprenden) y se verifica que la comunicación avanza en la dirección deseada por las partes involucradas.

Existen muchos ejemplos de palabras que van y vienen, dando lugar a conversaciones insípidas por falta de contenidos no añadidos entre emisor y receptor.
– Frases como: “Vale, vale, nos hablamos”. Normalmente posponen hacia otra conversación que nunca llega.

Debemos ser cuidadosos con las personas y aportar palabras con verdadero contenido y entendimiento. Más vale un sí, o un no, a tiempo; que posponer el acto de comunicar hacia la nada.

Hay que saber relacionarse con las palabras al igual que sabemos relacionarnos con las personas. Si no se dedica tiempo a las personas y se les presta atención dedicada y plena, no esperemos recibir eso a cambio. Ante toda distorsión de comunicación se sucede una distorsión en los pensamientos, con el efecto colateral de alejar a las personas en lugar de unirlas.

El Valor de las Palabras asociado al Deporte.

El uso del lenguaje es puro entrenamiento. A más intensidad, ¡mayor impacto!

Potenciar facetas, impulsarlas a través de las palabras, es un Arte que se vuelve afín a toda persona que goza con sus expresiones.

Clasificarse y calificar, tienen mucho en común porque indican aspiraciones más allá de metas alcanzadas.

La vida de las palabras es un infinito Maratón que compartimos desde que nacemos.

Elegimos hoy el DEPORTE como estandarte y analogía al uso de entrenar la Lengua, porque ambos aspectos van a más, conforme aumentamos su entrenamiento y práctica.

Gracias al lenguaje, a la forma en la que nos expresamos, somos capaces de relacionarnos.

Todo nuestro ser comunica a través del cuerpo, los sonidos y la palabra escrita.

Somos puro movimiento en acción y actividad incesante que también tiene sus momentos de gloria y de descanso.

En el ir y venir de cada esfuerzo, hallamos VALORES QUE NOS UNEN: las palabras son nexos de unión.

¡Bravo! por quienes sentimos y compartimos pasión por el «Deporte de la Expresión».

Superar nuestras marcas, nuestros esfuerzos, es lo que nos hace estar sanos con un vocabulario enérgico y revitalizante.

Gracias al DEPORTE expresamos nuestro cuerpo y gracias a nuestro cuerpo manifestamos un nuevo récord: aumentar nuestros valores en torno a las palabras que nos acompañan.