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Cuanto más leo, más escribo.

Al aumentar el tiempo y las fuentes de lectura, la inspiración para escribir aumenta; propiciando una diversidad más allá de temáticas al uso.

¿Te sucede lo mismo a ti?

Hasta las personas que solo se reconocen así mismas como lectoras devora libros, son escritoras en potencia que, quizás, se animen a narrar sus aventuras lectoras en el momento más insospechado y de la forma más elocuente y creativa.

La tentación de la escritura y el sano vicio de escribir producen, muchas veces, más ganas de leer.

Quizás nos encontramos ante una especie de círculo vicioso, en donde la gracia está en alimentarse de palabras. Palabras sanas y naturales que proyectan nuestro futuro, rememoran nuestro pasado y marcan nuestro presente.

Toda nuestra vida pasa por nuestra mente y por nuestras manos, en cierto modo.

Adoro escribir, más que leer, quizás sea porque me gusta palpar la intensidad de cada palabra; además de pensarla. Busco connotaciones, significados, términos afines y dispares, en cada frase. También invento palabras fusionando el manjar que nos proporcionan las letras.

Si compartes conmigo la afición por la escritura y la lectura, tenemos un vínculo común que nos une en la eternidad de los sueños que pueden leerse.

Como indica mi lema favorito: Si puede escribirse, seguro que puede hacerse ?

Encontrar el modo de hacer realidad un sueño pasa por varios procesos, y uno de ellos es escribirlo en el papel, en la pantalla, hasta que se plasma sobre las arrugas de nuestra piel. En cierto modo, todo lo que se experimenta con la escritura se vive, se materializa y se hace realidad en nosotros.

Confeccionar textos a medida, a tu medida, y a la medida de quienes tú quieres, es algo fantástico; una proyección de lo mucho que se puede hacer por el sencillo y magnífico motivo de compartirlo.

Escribo al aire, escribo al aire por ti y para ti.

Muchas gracias por leerme, que es sentirme.