Estamos tan acostumbrados a utilizar el lenguaje coloquialmente, que no nos paramos a pensar en la gran importancia que tiene y lo que significa para nosotros.

Al igual que cada persona es única en sus formas de expresión, el lenguaje que ésta utiliza denota sus estados emocionales únicos; los cuales la conducen a estar más o menos motivada para realizar acciones.

Cuando queremos impulsarnos, nos expresamos, usamos el lenguaje de forma positiva. Por el contrario, cuando estamos decaídos, callamos… no expresamos nada abiertamente; lo que denota un mensaje mudo de dolor en muchos casos. Esto no quiere decir que nuestro lenguaje se vuelva negativo, sino que su positividad no está siendo aplicada. Es normal que no siempre todo sea positivo dentro de nuestra vida y vocabulario, pero debemos saber equilibrarlos para ensalzar más lo bueno, que lo malo.

Normalmente nos encontramos en estados intermedios de comunicación que, vienen y van, en la mayoría de los casos en los que nos relacionamos al expresarnos. Emplear el lenguaje en positivo, ser consciente de él, es una virtud que debemos practicar desarrollando a la par nuestras habilidades humanísticas y lingüísticas; es una forma de manifestar que van de la mano.

Quien no se da a conocer a los demás, no existe en cierto modo. Lo que no se comunica, no se puede interpretar a nivel emocional. Si no sentimos emoción, no podemos impulsarnos hacia ninguna parte; ya sea positiva, en un momento gratificante; o sea negativa, en un momento de malestar. El lenguaje que empleamos utiliza estas mismas pautas de intensidad como forma de expresar, o no, lo que se siente.

Una vez centrados en el valor del lenguaje positivo que siempre nos acompaña desde que aprendemos a comunicarnos, este se hace nuestro amigo; ayudándonos a describir todo tipo de facetas, que pueden ser buenas o malas, pero que sigue siendo asertivo y positivo; porque cuando uno está mal debe expresarlo al igual que cuando uno está bien; pero elegir las palabras en positivo ayuda a no caer en un entorno de mayor malestar.

El lenguaje que aprendemos es natural, nos identifica y nos motiva a cada palabra. Si utilizamos palabras positivas como (amor, paz, alegría, cariño, serenidad, plenitud, etc.) nuestra motivación se vuelve positiva a cada paso que damos. Por el contrario, si empleamos constantemente en nuestro vocabulario palabras negativas como (odio, guerra, tristeza, desamor, sinvivir, pesadez, etc.) la motivación se vuelve rígida y nos acota dentro de estas palabras.

Tal y como te describes, así eres, palabra a palabra. Dite cosas buenas y bellas acerca de ti. Así tú y tu entorno se volverá tal y como defines, sobre todo si las transmites a quienes te rodean; que se impregnan de la bondad de tus palabras, creando un estado óptimo de motivación colectiva.

El lenguaje natural que motiva en positivo.

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