Estrenar un nombre es el momento más crucial para todo servicio o producto objeto de comercialización, pero ¿qué sucede cuando el objetivo a denominar es tu propia persona?

¿Cómo ha de ser un “naming” personal?
Veamos 3 requisitos fundamentales como base:

Sencillo: menos, es más. Cuanto más sencillo, breve y conciso, mucho mejor.

Alusivo: pregúntate y pregunta a tus públicos si el nombre elegido te describe a ti en relación con lo que deseas dar a conocer de tu persona.

Memorable: fácil de recordar.

Existen infinitas posibilidades creativas que pueden usarse, pero inicialmente se dan 2 opciones básicas que deberás considerar:

a) Usar tu nombre propio, personal, con o sin apellidos: aquí los juegos de palabras son de mucha utilidad al tratar de mezclar letras con nuestros característicos apellidos.

b) Usar un nombre expresamente creado para designar mis acciones, sin relación con mi nombre propio.

Hablo de buscar un nombre adecuado para establecer un vínculo con nuestros públicos. Por este motivo, deberemos de contrastar con ellos las diferentes alternativas que nos planteemos usar como nombre. Es decir, hacer pequeños test para ver qué nombre les resulta más afín.

Naming: nombrando tu marca personal.

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